
Ya casi a media noche, la niña irrumpió en mi recamara gritando con particular emoción, -¡Luis, mañana no hay clases!, las suspendieron. Me mostré incrédulo y no presté mucha atención, pero la niña no desistió e insistía con su extraña afirmación, exhortándome a ver las noticias para que viera por mis propios ojos su supuesto. -bien, veamos que pasa- accedí.
En cadena nacional hablaba el Secretario de Salud, José Ángel Córdova. Informaba a la población una decisión única en la Historia de México, una suspensión abrupta de labores escolares de manera indefinida por la amenaza de un virus mutado, totalmente nuevo y sumamente agresivo que ya había causado varios decesos. Aún así, me mostré escéptico, era difícil concebir a la UNAM totalmente cerrada, y más aún, tener la tranquilidad de que aquel examen de Amparo se tendría que posponer.
De manera inmediata abrí el computador y navegué por los más importantes periódicos del país; me quedé pasmado al darme cuenta la gravedad del asunto. No se trataba de un simple virus gripal, sino de una alarma mundial. Recordé un documental de la BBC que vi años atrás, en el cual se advertía el peligro de la gripe aviar y su posible transformación tendiente a afectar la inmunidad humana, lo que ocasionaría un potencial contagio en serie que arrasaría con una importante masa poblacional. Suspicacias y temores comenzaron a llegar en mi mente.
El viernes fue un día para estar en casa, traté de informarme lo más posible sobre la influenza y aprendí muchos datos interesantes: su composición, su hipotética trasmisión, estadísticas de afecciones, las epidemias y pandemias, etc. Jordy pasó a visitarme antes de comer, su plática, como siempre, estaba a la vanguardia de los hechos, describiendo con preocupación y asombro sus impresiones de una ciudad que se mostraba irreconocible. Después hablé con mi padre, quien siempre se ha caracterizado por su ironía, y desde luego, minimizó el problema.
En la tarde mis padres me habían invitado al teatro, por mi parte me sentía angustiado por el bombardeo informativo; no obstante la obra y su trama me parecían muy interesantes, además mis padres ridiculizaban mi negación acusándome de exagerado y paranoico; entonces yo, cabizbajo, alisandome la barba y atusandome el mostacho, terminé por decirles que sí los acompañaría, un poco a regañadientes y al mismo tiempo ilusionado.
Allí íbamos los tres en el carro, escuchando en la radio más y más precauciones sobre la pandemia: la gente moría, no existía cura, y no se sabía con exactitud su manera de transmisión. Entre mí pensé, -seguramente seremos los únicos osados que se presentarán a la función. Estaba en lo incorrecto, el teatro estaba lleno.
5 AÑOS DEL CíRCULO TEATRAL.
En los últimos meses he asistido a varias obras de teatro en este peculiar y bello recinto. Un escenario modesto y pequeño que permite una interacción mucho más directa entre el espectador y el actor. La selección de las piezas presentadas ha sido admirable, dando preeminencia a escritores latinoamericanos como Víctor Hugo Rascón Banda, Emilio Carballido y ahora el argentino Mario Diament.

Recomiendo ampliamente el Círculo teatral, y si un día van, no duden en invitarme. Gracias.