lunes, 27 de abril de 2009

Tiempos de Influenza; suspensión de clases.

Un fantasma ronda la Ciudad de México, es el fantasma de la Influenza.

El día jueves 23 por la noche se consagraba un día de experiencias gratas; había sido mi primer día en mi nueva experiencia laboral como colaborador de Treff3. Realicé la cobertura de un evento sobre políticas educativas en América Latina, patrocinado por la fundación Konrad Adenauer y presentado en el Congreso de la Unión en San Lázaro. Regresaba a casa airoso e inspirado, pensando en la construcción del primer artículo para la revista electrónica y con la determinación de concluir mis estudios de Amparo para presentar un tedioso examen el viernes.

Ya casi a media noche, la niña irrumpió en mi recamara gritando con particular emoción, -¡Luis, mañana no hay clases!, las suspendieron. Me mostré incrédulo y no presté mucha atención, pero la niña no desistió e insistía con su extraña afirmación, exhortándome a ver las noticias para que viera por mis propios ojos su supuesto. -bien, veamos que pasa- accedí.

En cadena nacional hablaba el Secretario de Salud, José Ángel Córdova. Informaba a la población una decisión única en la Historia de México, una suspensión abrupta de labores escolares de manera indefinida por la amenaza de un virus mutado, totalmente nuevo y sumamente agresivo que ya había causado varios decesos. Aún así, me mostré escéptico, era difícil concebir a la UNAM totalmente cerrada, y más aún, tener la tranquilidad de que aquel examen de Amparo se tendría que posponer.

De manera inmediata abrí el computador y navegué por los más importantes periódicos del país; me quedé pasmado al darme cuenta la gravedad del asunto. No se trataba de un simple virus gripal, sino de una alarma mundial. Recordé un documental de la BBC que vi años atrás, en el cual se advertía el peligro de la gripe aviar y su posible transformación tendiente a afectar la inmunidad humana, lo que ocasionaría un potencial contagio en serie que arrasaría con una importante masa poblacional. Suspicacias y temores comenzaron a llegar en mi mente.

El viernes fue un día para estar en casa, traté de informarme lo más posible sobre la influenza y aprendí muchos datos interesantes: su composición, su hipotética trasmisión, estadísticas de afecciones, las epidemias y pandemias, etc. Jordy pasó a visitarme antes de comer, su plática, como siempre, estaba a la vanguardia de los hechos, describiendo con preocupación y asombro sus impresiones de una ciudad que se mostraba irreconocible. Después hablé con mi padre, quien siempre se ha caracterizado por su ironía, y desde luego, minimizó el problema.

En la tarde mis padres me habían invitado al teatro, por mi parte me sentía angustiado por el bombardeo informativo; no obstante la obra y su trama me parecían muy interesantes, además mis padres ridiculizaban mi negación acusándome de exagerado y paranoico; entonces yo, cabizbajo, alisandome la barba y atusandome el mostacho, terminé por decirles que sí los acompañaría, un poco a regañadientes y al mismo tiempo ilusionado.

Allí íbamos los tres en el carro, escuchando en la radio más y más precauciones sobre la pandemia: la gente moría, no existía cura, y no se sabía con exactitud su manera de transmisión. Entre mí pensé, -seguramente seremos los únicos osados que se presentarán a la función. Estaba en lo incorrecto, el teatro estaba lleno.

5 AÑOS DEL CíRCULO TEATRAL.

En los últimos meses he asistido a varias obras de teatro en este peculiar y bello recinto. Un escenario modesto y pequeño que permite una interacción mucho más directa entre el espectador y el actor. La selección de las piezas presentadas ha sido admirable, dando preeminencia a escritores latinoamericanos como Víctor Hugo Rascón Banda, Emilio Carballido y ahora el argentino Mario Diament.

La obra que conmemoró los 5 años de este excelente espacio cultural fue “Cita a ciegas”. Me pareció una actuación intachable, aunado a diálogos sumamente profundos que enmarcan los problemas existenciales propios de cualquier ser humano. La temática principal, podría decirlo así, sería el dilema interpretativo entre la casualidad y el destino, la coincidencia o lo predeterminado. Se retoma con maestría un concepto innegable: “cada acción repercute inexorablemente en nuestra existencia”, entonces, ¿qué pasaría si dejamos de efectuar cierta acción con consciencia?, ¿qué se podría modificar si actuamos de una manera impulsiva y arriesgada en una situación determinante?. La respuesta es muy sencilla, simplemente se seguiría una secuencia de hechos directamente relacionada con la acción u omisión. Queda quizá, el consuelo de imaginar mundos paralelos, en los cuales se suprime cierta acción del pasado y se brinda la posibilidad de recrear las circunstancias bajo el manto de otra realidad, en una vida diametralmente distinta.

Recomiendo ampliamente el Círculo teatral, y si un día van, no duden en invitarme. Gracias.

viernes, 24 de abril de 2009

Vacaciones de Primavera V: Tenango de las flores.

EL ÚLTIMO JALÓN, LA SIERRA DE PUEBLA.

Volvimos a Poza Rica, ciudad desorganizada y con poco atractivo; el calor era sofocante y la continuación de nuestro viaje una incertidumbre. ¿Hacia dónde ir?, los trazos originales de nuestro itinerario apuntaban en dirección a Xilitla en San Luis Potosí; no obstante la presencia de la Sierra Madre Oriental dificultaba nuestro paso directo, teniendo que subir más por la costa del Atlántico hasta la ciudad de Tampico. Teníamos sólo dos días más para regresar a Ciudad de México y las distancias eran considerables. La magia de Xilitla y el pozo de las golondrinas se desvanecían por esta vez.
Buscamos un plan supletorio, y desde nuestra posición era sencillo arribar a la Ciudad de México cruzando la Sierra de Puebla, entonces, sin pensarlo mucho y con clara voluntad de abandonar Poza Rica nos encaminamos a Huaichinango, en el corazón de las montañas. Los paisajes cambiaron notoriamente, del clima tropical veracruzano a otro boscoso con miles coníferas.

Llegamos a Huaichinango y pregunté a los habitantes sobre un lugar bello para instalarnos, de forma genérica nos recomendaron dos presas: Necaxa y Tenango de las Flores, entonces increpé -¿qué vale más la pena?- la respuesta casi unánime fue: Tenango de las Flores. Súbitamente en la carretera conseguimos otro aventón y llegamos al pequeño poblado poblano.

El panorama era muy bello, faltaba poco para anochecer y el lago artificial se mostraba muy acogedor al lado de pequeñas montañas con pinos pigmeos. Nuestro arribo coincidió con la presencia de “La Gran Feria de Tenango de las Flores”, evento particular de mucho folklor y colorido; habían conciertos, un pequeño cirquero que presentaba fenómenos genéticos como: "el gato de seis patas", "el chivo de cuatro cuernos", "el marrano de dos trompas" y "el hombre más pequeño del mundo". Caminamos alegres entre la muchedumbre, y ya sin luz comenzamos a andar por la rivera de la presa para encontrar un lugar para instalar nuestra casa de casa de campaña; con nuestro gran espíritu explorador, practicamente rodeamos la gran presa, cruzamos un riachuelo lodoso que representó grandes dificultades y entre resbalones y faltas de cálculo terminamos inmundamente embarrados de fango. Finalmente hayamos un lugar perfecto, sin muchas piedras y con una bella vista.

El despertar fue tardío, ya en la mañana se escuchaba el movimiento de algunos pescadores vecinos a nuestra casa. Al salir de nuestra madriguera hicimos un poco de ejercicio y Valérie tuvo muchas ganas de nadar, sólo que, tristemente, era notoria la contaminación del lugar; ya en la noche anterior al caminar habíamos visto un sinnúmero de botellas de plástico y otro tipo de residuos, esto dio pie a una plática interesante y reflexiva sobre el medio ambiente.

Caminamos por el poblado de Tenango, desayunamos algunas frutas y tomamos un nuevo aventón rumbo a Huaichinango, de ahí, uno nuevo a Tulancingo y desde aquella ciudad horrible finalmente decidimos volver a la Ciudad de México. Nuestro gran viaje de aventones y campamentos salvajes había terminado.

jueves, 23 de abril de 2009

Vacaciones de Primavera IV: El totonacapan

300 KM DE AVENTÓN Y LA NOCHE EN POZA RICA.

Había quedado claro nuestro modus operandi para mochilear, ya se habían consagrado dos reglas básicas: 1. Caminar por la carretera y pedir aventón en dirección a nuestro próximo destino; 2. Acampar "salvajemente" en un lugar natural que asegurara una bella vista, evitando así cualquier tipo de pago por concepto de hospedaje.

Nos encontrábamos a las afueras de Chachalacas, era medio día y el sol caía a plomo. Nuestra próxima visita planeada eran las magnas ruinas del Tajín, el gran centro ceremonial del Totonacapan.

Demoramos poco tiempo pidiendo aventón, un señor gordito y de gesto bonachón se detuvo para recogernos en un bochito destartalado.
-¿Paonde van?
-Buenos días señor, vamos rumbo a las ruinas del Tajín
-‘ retirao, son unos 300 km, pero los puedo acercar hasta la Costa Dorada, ' a una hora y media de aquí, y es más o menos la mitad de su camino.
Órale! Muchas gracias.

Ya en el carro nos presentamos y platicamos los detalles menos elaborados de nuestras vidas, y sintiendo su genuina sencillez le pregunté ,-¿y usted qué hace?-, ¿para dónde va?-. A partir de ese momento me volví su curioso oyente y sólo intervine con pequeñas preguntas que siguieran dando pie a más hazañas y vivencias que pudiera relatarnos nuestro nuevo conductor.

Don Alfonso representaba las vicisitudes de la vida humana, la crudeza y la comedia unidas; sus relatos entrelazaban la gloria y el fracaso; los sueños, la añoranza y la desesperación. Un hombre que a sus 47 años había sorteado las peripecias de la frontera norte y, contaba pormenorizadamente las cuatro veces que intentó pasar “al otro lado” hasta que finalmente lo consiguió estableciéndose en Colorado por unos años. Su narración me conmovía por los abusos, estafas y discriminación que vivió; en contraste, me impactaban sus aventuras, historias de amor y relatos familiares.

Fue sumamente generoso con nosotros e intentaba explicarnos algún detalle sobre aquellos lugares que recorríamos; pasamos por bellos peñascos en frente del mar, algún pequeño poblado y la única planta de energía nuclear mexicana: Laguna verde.

Agradecimos la amabilidad de Don Alfonso e intentamos contribuir con algo de dinero por la amplia distancia recorrida, pero fue reacio a recibir algo -No mijos, ustedes tan viajando, para mí fue un placer traerlos hasta acá, disfruten el viaje y que Dios los acompañe- sentenció aquel buen hombre.

Estábamos todavía a unos 120 km de nuestro destino, por lo cual pedimos otro aventón, y esta vez de igual modo, casi de manera inmediata lo conseguimos. El conductor era un señor de 40 años: Juan Carlos: hombre jovial, de gran alegría y gentileza. Nos habló de su oficio, viajes por América Central y su pequeña hija. Al platicarle de nosotros mostró mucho interés por la Bélgica de Valérie, y entusiasmado comenzó a preguntar más y más sobre Europa, sin dejar pasar los detalles propios de sus tierras.

Llegar al Tajín se complicaba, eran las 4:00 pm y seguíamos aún en la carretera, ya teníamos mucha hambre y Juan Carlos nos advertía que las ruinas cerraban sus puertas a las 5:00pm. ¿Qué hacer?, creímos que lo más conveniente sería simplemente buscar un lugar para acampar y nuestro nuevo amigo se ofreció a llevarnos a Tecolutla, un pequeño poblado al lado del mar en la desembocadura del río homónimo. Dudamos en ir porque ese mismo día ya habíamos acampado en la playa y buscábamos otro tipo de paisaje, además, nuestro viaje era sumamente ambicioso y pretendíamos llegar hasta Xilitla, por lo que su propuesta implicaría un atraso considerable.

De cualquier manera Juan Carlos nos habló minuciosidades de Tecolutla, nos recomendó algunos sitios y relató la truculenta historia de “la mascota” del lugar, un cocodrilo de manglar en cautiverio llamado Federico, lo que, ante mi extrañeza causó mucha curiosidad a Valérie.

Finalmente aceptamos ir rumbo a Tecolutla, pasamos por la ciudad fluvial de Gutiérrez Zamora, visitamos la más famosa fábrica de vainilla de la región y conocimos una prestigiosa marisquería junto a la pequeña alberca en la que yacía el famoso y hastiado cocodrilo Federico.
Surgieron los chascarrillos, las risas y chistosadas de nuestro recién amigo, quien ya con más confianza nos invitó con gran cortesía a pernoctar en su cmorada en la bulliciosa Poza Rica.

Antes de llegar a Poza Rica pasamos por Papantla “la ciudad que perfuma al mundo”, sobrenombre que alude a su producción de vainilla.
Juan Carlos nos llevó al lugar más alto de la ciudad, un mirador que tenía una gran estatua conocida como “El volador”.

Proseguimos nuestro camino en dirección a Poza Rica, una ciudad eminentemente petrolera, el “tour” de Juan Carlos consistió en mostrarnos la maquinaria de PEMEX para extraer petróleo profundo.

Llegamos a casa de Juan Carlos, su familia fue sumamente atenta con nosostros. Juan Carlos llamó a Valérie y le mostró un teclado eléctrico pidiéndole que nos deleitara con una pieza de jazz, y sin gran complicación ¨la indomable¨ interpretó una bella melodía más bien salsera, después un chico jarocho tomó su guitarra y acompañó su compáz. Fue una grata velada repleta de diálogo, hermandad y musicalidad.

Juan Carlos cantó para Valérie la célebre trova de “Santa Lucía” de Miguel Ríos. La idea era mostrar un video de nuestro amigo jarocho a una prima de Valérie en Bélgica, para así conquistar su corazón desde el otro lado del Atlántico. Después de algunas carcajadas y amenidades llegó el cansancio, y así, la hora de reposar.
Juan Carlos nos brindó un cuarto de huéspedes, y al acomodarnos me dispuse a leer mientras Valérie tomaba un baño ya muy necesario; de repente se hizo escuchar un fuerte estruendo proveniente del mismo baño, e inmediatantamente las lamentaciones de Valérie. La “indomable” se había apoyado imprudentemente en el lavabo que no aguantó la presión de su peso y se vino abajo quedando hecho añicos. Mais quel honte! Valérie, quest-ce que on va faire?- Avergonzados y dubitativos pasamos la noche. Al despertar tuvismo le penosa necesidad de confesar nuestra imprudencia a Juan Carlos y sus familiares, que en un gesto extremadamente amable nos dispensaron, argumentando que en realidad el baño ya era muy viejo y que en realidad era un peligro latente para los niños. Intentamos pagar por nuestra graciosada y ellos rechazaron una y otra vez nuestro deseo de contribuir. Finalmente partimos, dejando a nuestro paso un “recuerdito” nada lisonjero.

EL TAJÍN, SU MAGIA Y MISTERIO.
Visitamos la ciudad prehispánica más importante del Totonacapan, la renombrada “ciudad del Trueno”, la insigne y maravillosa zona arqueológica del Tajín.

Caminamos por el portentoso centro ceremonial y conocimos la joya de la ciudad: la gran pirámide de Nichos, inigualable por su belleza ornamental y bello relieve. Aproveché aquel simbólico panorama para realizar un vídeo de presentación para la revista electrónica juvenil “Distintas Latitudes”, y bien, ya hablando de ello, aprovecho este informal escrito para invitar al ocasional lector: http://www.distintaslatitudes.net/ , ¡vamos!, den una ojeada y ampliemos el debate sobre las diferentes perspectivas latinoamericanas en política, medio ambiente, economía y cultura.

Después de la breve promoción regresaré al Tajín. Su fundación ocurrió en el año 300 d. C. y tuvo su mayor auge entre los años 600 y 900 d. C. a fines del Horizonte Clásico, para decaer inexplicablemente hacia el 1150 de nuestra era. Con más de mil años de antigüedad, es considerada una de las zonas arqueológicas más importantes de América y Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Caminamos airosos por aquellas ruinas, reflexionando sobre el indígena del pasado y el actual. Surgió el controvertido tema de la alteridad: intento de comprender la visión del mundo desde los ojos del “otro”, una motivante y sugerente temática que me hizo recordar las clases de Enrique Dussel.

Las horas pasaron, exploramos el sitio hasta su más íntimo rincón. Escuchamos a un par de guías turísticos planteando posturas contradictorias sobre el juego de pelota e intenté hacerle ver a Valérie la dificultad historiográfica sobre el estudio de las civilizaciones precolombinas, lo especulativo y tendencioso que resulta redescubrir culturas que fueron destruidas casi en su totalidad, dejando pequeños rescoldos que son la base de interpretaciones actuales, además, sin perder de vista que los textos más importantes del estudio de mesoamerica fueron redactados por recopiladores españoles que ineludiblemente trastornaron criterios de una cultura distinta por su intrínseca subjetividad.
Llegó el momento de seguir mochileando...
Recomiendo nuevamente el sitio de: "mujer idomable descubriendo los milagros del mundo" http://missvitabis.wordpress.com/

domingo, 19 de abril de 2009

Vacaciones de Primavera III: Los pasos de Cortés y las dunas de Chachalacas

1. LOS AVENTONES HACIA LA HISTÓRICA CEMPOALA.

El sol resurgía lentamente, el canto de las aves evidenciaba el inicio de un nuevo amanecer. La noche fue larga, entre insomnio y reflexión, sentía que había descansado muy poco; sin embargo, no había rasgos de fatiga. Salí de la casa de campaña muy temprano y, mientras Valérie dormía, caminé por la rivera del río, leyendo dos capítulos de mi libro ocasional: “Demian.” Regresé con la indomable belga muy animado y le di fuerzas para continuar con nuestro mochilazo. Era tiempo de ir en pos de la playa.

Desde Jalcomulco no es tan sencillo llegar a la playa, es un pueblo muy pequeño y, por lo tanto, su sistema de transporte es precario. Era un buen momento para probar suerte con el aventón. Caminamos a los confines del poblado e iniciando la carretera un amable señor se ofreció a acercarnos al pueblo de Cardel, muy próximo a nuestro destino: Chachalacas. Entusiasmados subimos a la camioneta con compartimento abierto en la parte posterior, estábamos muy sonrientes, el aire fresco impactaba suavemente nuestra faz y los cabellos se agitaban por la inercia del movimiento. Nuestro viaje tomaría a partir de aquel hecho un rostro aún más aventurero. Un aventón era el pretexto ideal para compartir un poco de nuestras vidas con la gente del lugar, conocer la nobleza humana y, desde luego, ahorrar un poco de dinero. Fue en ese primer aventón que Valérie y yo utilizaríamos un saludo específico por cada vehículo que nos recogiera, el cual nombramos como “la maña”.

Llegamos al centro de Cardel, bebimos una deliciosa malteada de vainilla y aprovechamos para conocer la zona arqueológica de Cempoala, que se encuentra muy cerca de aquel lugar.

Cardel es la capital del municipio de Antigua, que hace referencia a la Villa Antigua de la Vera Cruz, sitio en el cual Hernán Cortés planificó la primera ciudad española en territorio propiamente americano, y a partir de éste punto, partió en dirección a Cempoala, la primera urbe mesoamericana que lo acogió y le brindó una sólida alianza militar en contra de Moctezuma.

Nuestra visita a Cempoala me causó mucha inquietud histórica, es por ello que decidí retomar la segunda carta de relación de Hernán Cortés dirigida a Carlos V, con el fin de imaginar los hechos que sucedieron en aquel lejano 1519.

La zona arqueológica no es basta, es simplemente una plaza que tiene pequeños basamentos piramidales en las cuatro direcciones cardinales. Seguimos con curiosidad la explicación de un guía que narraba con detalle los rasgos arquitectónicos del lugar y los hechos acaecidos tras la llegada de Cortés. Valérie mostró gran interés por el proceso de conquista y preguntaba entusiasmada pequeños detalles que le venían en mete, por eso decidí regalarle el famoso libro de Miguel León Portilla: “la visión de los vencidos.
2. CHACHALACAS; CAMPAMENTO ENTRE DUNAS, LUNA LLENA Y MAR.

Continuamos nuestro viaje en dirección a Chachalacas y nuevamente recurrimos al aventón, lo conseguimos con suerte y buen tiempo; caminamos por la orilla del mar rumbo a las bellas dunas que se encuentran un poco retiradas del poblado. En el camino aprovechamos para comer una fresca y deliciosa mojarra enchipotlada.
Aquel día tenía mucho ánimo de aprender neerlandés, la lengua materna de mi acompañante, fue así que ella me instruía con las frases más cotidianas y su difícil pronunciación: “ Valérie, jij bent zoo mooi.” De igual modo yo trataba de enseñarle un castellano más literario, no cabía duda que su nivel oral incrementó exponencialmente en tan sólo seis semanas. El uso del francés había pasado al olvido.

Al llegar a las dunas muchos recuerdos atravesaron mi mente: imaginarme en ese mismo lugar a mis 17 años con una compañía inmejorable (la tertulia), retrospección natural de aquel memorable febrero del 2003, aquellas perspectivas y preocupaciones ahora tan cambiantes; mi corazón palpitaba conmovido y gozoso, el paso del tiempo todo lo había cambiado.
La tarde palidecía, quedaban pocos minutos de luz y debíamos escoger un lugar para instalar la casa de campaña. Valérie encontró una especie de valle en medio de aquel arenal y nos pareció perfecto sitio para quedarnos, armamos rápidamente nuestro refugio y pronto se mostró soberbia y altiva ante nuestros ojos una bella luna llena que nos dotaba de una tenue y hermosa luz azulada; en frente de nosotros, un mar calmo y sonoro, un aroma húmedo y una noche cálida que nos permitió estar por horas contemplando el firmamento. Bellas pláticas, mágicos recuerdos.

Caminamos nuevamente por la orilla del mar y compramos las provisiones para el amanecer, queríamos ser testigos del despertar del alba y después partir temprano en dirección al Tajín; sin embargo, los planes mudarían un poco. Fue tan placentero dormir sobre la suave arena que despertamos más tarde de lo previsto. Animosos de hacer ejercicio, corrimos y caminamos mucho por la rivera, llegamos lejos, hasta arribar a una zona que parecía virgen y se encontraba repleta de conchitas y cangrejos, nadamos en el mar y desayunamos una deliciosas tortas polacas (invento jarocho que se asemeja a la tinga de pollo, sólo que tiene un sabor más dulce y enchipotlado, es decir, nada que ver con Polonia).
Prácticamente dejamos Chachalacas a medio día, el calor estaba en su apogeo, la sensación de agua salada y arena en todo el cuerpo nos hacía urgir un baño, pero al poco tiempo se olvidaron esos detalles y continuamos nuestro tenaz mochilazo pidiendo nuestro próximo aventón.
Para conocer la versión néerlandesa descrita por Valérie sobre este mismo viaje, visitar el site: http://missvitabis.wordpress.com/

viernes, 17 de abril de 2009

Vacaciones de Primavera II: Las tierras jarochas.

“Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí, ¿Por qué habría de serme tan difícil” Hermann Hesse.

XALAPA, ENTRE LO AMENO Y LO RAPAZ
Partí rumbo a Xalapa con mi colega belga, me acompañaba también un excelente libro que escogí ex professo para la ocasión: "Demian", de Herman Hesse.

El viaje fue tranquilo, aunque hubo un momento en el cual Demian (nuestro anfitrión en Xalapa) dudaba acojernos debido a un compromiso en la ciudad de México, ya que es parte de un grupo de rock llamado Cliché y tendría que asistir a una reunión con su banda el lunes a medio día, por lo cual sólo podría estar pocas horas con nosotros.

Finalmente llegamos a Xalapa. Demian nos recogió en la estación de autobuses y nos introdujo en la atmósfera local, nos permitió guardar nuestras pertenencias en la casa de su ex novia y poco después comenzamos a conocer la ciudad.

Xalapa es una ciudad muy arbolada y excesivamente sinuosa, tiene zonas de impresionante belleza que parecen paisajes suizos repletos de lagos y cisnes; en contraste su topografía y falta de planificación a producido zonas habitacionales marginales que poblan los cerros con gran similitud a las famosas favelas de Rio de Janiero. Visitamos los lagos que se encuentran en torno a la Universidad, conocimos el centro histórico y cenamos en un delicioso restaurante italiano “Il pomodoro: ogni bocatto fatto con il cuore”. Mientras tomábamos unas cervezas alemanas en un bar de jazz, surgió una profunda plática acerca de la plenitud, el goce y la relativa fórmula en la búsqueda de la felicidad, las conclusiones fueron esperanzadoras: recontamos hechos de nuestras vidas que nos habían sido muy gratos y narramos algunos momentos de éxtasis que otorgan sentido a la existencia. Brindamos por el viaje, por los jarochos, por Cliché, por Bélgica y por México.

Demian debía tomar un camión para volver a México a las 4:30am, por lo cual dormimos muy poco. Tuvimos que abandonar el departamento en la madrugada y deambular por las tenebrosas calles xalapeñas. Después de caminar unas cuadras, encontramos un parquecito con pequeñas zonas cubiertas de pasto, entonces decidimos recostarnos y dormir por unas horas. Yo llevaba una mochila pequeña que sirvió de almohada para ambos, sin embargo la gran mochila de Valérie quedó desprotegida; pasaron algunas horas para que repenteninamente escuchara algunas pisadas intrusas en el césped, vertiginosamente abrí los ojos y descubrí a un ladrón que estaba intentando robarse la mochilota de Valérie; le grité con estrépito e inmediatamente desistió de su pretensión cleptómana arrojando al suelo el tumultoso objeto y emprendiendo la fuga, rápidamente desperté a Valérie -que no se había inmutado de la situación-, revisamos todas sus pertenencias, no faltaba nada con excepción de sus lentes de aumento que seguramente salieron volando en el frenesí del momento. Me dio mucha pena por Valérie, era la primera noche de nuestro viaje y ya habíamos sido víctimas de un intento de hurto. De manera adicional, un mosquito maloso la picó en la frente, era determinante que, viajar por Veracruz sin repelente no era una buena opción.

Aún con aquel incidente retomamos el sueño en ese mismo lugar, sólo que esta vez nos enroscamos a nuestras mochilas. Al despertar nos dirigimos nuevamente al centro de la ciudad, visitamos los mercados, el palacio de gobierno, y pedimos información referente a deportes extremos. Sí, estaba muy cerca el pueblito de Jalcomulco, famoso por su caudaloso río Huitzilapan o Pescado y la ruta era muy sencilla. Dejabamos atrás la capital de los jarochos.

JALCOMULCO Y SU ENCANTO NATURAL.

Jalcomulco es en su totalidad un pueblo eco-turístico, casi toda la población está involucrada con el negocio de “los rápidos”, la tirolesa y el montañismo; no obstante los precios eran muy caros y en vez de crear competitividad entre ellos, uniformaron los costos por presión del municipio. ¿Imaginan pagar $450 pesos por 2 horas de remo?, esa cantidad, al menos para mí, era inasequible; además, no era época de lluvias y el río estaba muy disminuido, en pocas palabras, estaba bien chafa la corriente.

Decidí ir con la indomable Valérie a explorar los alrededores de Jalcomulco y los lugareños nos informaron de un bello lugar para acampar, el cual denominaban “la playita.” Ya de paso conocimos a un chico que estaba en esto de mochilear desde hace 8 años en compañía de su novia, una especie de artesano itinerante que de manera locuaz nos platicaba sobre los más bellos lugares que había visto en México, nos orientó muy bien y nos mostró una casa ermitaña de un simpático italiano huraño, el gracioso Guido que vivía debajo de un gran árbol de mangos.

Los árboles de mangos son esplendorosos, llegan a medir hasta 30m y tienen una ramificación muy amplia, su sombra puede abarcar hasta una circunferencia de 15m. Fascinados por los bellos ejemplares no perdimos el tiempo para treparlos, subimos muy alto, y, con cierta precaución, descubrí mis mejores habilidades simiescas que corroboran la teoría de Darwin. A una altura considerable platiqué con Valérie sentado sobre una gran rama, era un bello paisaje, estábamos totalmente solos en una atmósfera muy verde, muy gustosa, con aire fresco y el sonido del río al fondo.

Decidimos acampar en esa zona, era perfecta por la sombra brindada, se veía muy seguro, un lugar idóneo para dejar nuestras pertenencias sin miramientos e ir a tomar una ducha al río.

El rio Huitzilapán tiene su interesante Historia, fue en éste el lugar en el cual desembarcó Hernán Cortés en 1519 y tuvo sus primeros contactos con los totonacas, nación sometida por el imperio mexica. Se dice que en sus orillas ocurrió el famoso episodio en el cual Cortés ordenó quemar sus naves ante la insistencia de varios de sus hombres por querer regresar a Cuba, ¿mito o realidad?. ¡Bah! Lo único real es que ahí estuvimos, nadando en sus aguas limpias, disfrutando de una tarde inolvidable y de la tranquilidad que otorga la lejanía del caos urbano.

jueves, 16 de abril de 2009

Vacaciones de Primavera I: Pensado un mochilazo.

LOS PREPARATIVOS
Un plan mochilero se configuraba días antes de la semana vacacional de primavera, una aventura que auguraba la presencia de hermosos paisajes naturales y una buena compañía. La camarada de viaje sería la indomable Valérie Parent y los lugares seleccionados aún estaban por verse. La intuición e improvisación serían los elementos guía.

Durante la semana previa tuvimos en la ciudad de México la honrosa presencia de Sergio Trejo, un amigo originario de Tequisquiapan que aprovechando un espacio en su agenda, no titubeó en acompañarnos unos días antes de que partieramos en pos de la aventura.

Mi casa se engalanó con dos queridos huéspedes, me frustraba no poder estar todo el tiempo con ellos debido a mis deberes universitarios y, para colmo, ese tiempo coincidía con un extenso examen de Derecho Fiscal.

Inegablamente disfrutamos de agradables momentos. El jueves por la tarde junto a Karun, Malacopa, Marianini y Chiquilín, apreciamos la excelente obra de William Shakespeare,"Otelo", con buenas actuaciones y hermosos diálogos que en su momento clímax llevaron a los presentes a sucumbir de tristeza ante la irreparable tragedia cometida. Posteriormente fuimos por unos deliciosos churros a Coyoacán con Jordy y Natalia, y recordamos con cierta "nostalgia" los escritos de bellas metáforas que Sergio redactó años atrás. ¿nostalgia?, ¿qué es nostalgia?....

Al terminar mi examen el viernes por la mañana, tuvimos plena disponibilidad para ver una película-documental que considero una verdadera obra maestra: Baraka, de la cual podría dedicar varias líneas para describir las emociones y libaciones que me causó, pero considero que no es el fin de éste escrito, así que lo dejaré para después. Ese mismo viernes tuvimos una amena fiesta con compañeros de la UNAM, en la cual aprovechamos para bailar algunas salsas y reír por las imprudencias y vulgaridades del difamador profesional: Carlos Malacopa.

El sábado aprovechamos para visitar a una personalidad intelectual en San Ángel, la amistad más citada por Sergio desde que lo conozco, me refiero al Lic. Santos. Su plática fue interesante y reflexiva, nos compartió una pequeña parte de su erudición y nos invitó a comer unos deliciosos tacos caseros.

Aquella tarde de sábado se matizaba la ruta de mi plan mochilero con Valérie; hablé con Démian y Karun, ambos nos facilitaron nuestra pretensión viajera. El buen Démian nos facilitaría hospedaje en Xalapa, Veracruz; Karun su casa de campaña para poder instalarnos dondequiera que quisiéramos. Todo estaba listo. El domingo por la mañana comenzaría nuestra travesía: algo similar a "la ruta de Cortés... pero a la inversa"

martes, 31 de marzo de 2009

Peripecias en DF y el majestuoso Nevado de Toluca

El día viernes 27 regresó a la Cuidad de México Valérie Parent, amiga de Bélgica (de la región de Flandes). Con esta ocasión ya son tres las veces que pisa el valle de Anáhuac desde que la conozco, es decir, hace un mes y medio. Valérie se encuentra haciendo un ambicioso viaje que contempla visitar México (centro y sureste), Guatemala y Cuba en un lapso aproximado de 5 meses.

Durante su primera visita a tierras chilangas vivimos una semana sumamente dinámica, en la cual visitamos los lugares más emblemáticos del DF, fuimos a fiestas familiares, salimos con amigos, cantamos, reímos y degustamos los platillos más exquisitos y variados de esta peculiar zona del mundo.

Valérie siguió su intrépido viaje, conoció Tequisquiapan, Querétaro, Peña de Bernal, y posteriormente nos reencontramos en Morelia, en un trayecto lleno de sorpresas por haberme permitido reencontrar a otro amigo de la secundaria que por casualidades del destino hospedaba a Valérie a través de couchsurfing, hablo de Jesús Alfonso Pérez Negrón
("Negrito-Negrón" para los cuates) .
Recorrimos en compañía de Jordy, Natalia y un hippie que recogimos en la carretera, la reserva de la Biosfera de las mariposas monarca. Fue divertido, reflexivo y alucinante.

Esta tercera vez su llegada fue el aliciente perfecto para programar una semana llena de actividades, creo que jamás había paseado tanto por mi propia ciudad en tan poco tiempo. Créanme, fueron días genuinamente fructíferos.
Quería enseñarle a Valérie una de las zonas más populares de nuestra ajetreada ciudad, el famoso y caótico barrio bravo de Tepito. Al comentarle a mis amigos nuestro “osado plan” todos decían: - pero, ¿cómo?, es muy peligroso.- Y fue tal el bombardeo de malos augurios que incluso llegué a dudar en llevarla.
El sábado por la mañana, le pregunté si aún estaba dispuesta a conocer el barrio más popular de nuestra ciudad y le platiqué grosso modo la variedad de mercancías y folklor que íbamos a encontrar, y al ver su firme intensión ya sin titubear marchamos rumbo a nuestro primer destino mañanero: la gran meca de la ilegalidad mexicana.
Disfracé a Valérie para que no se viera tan extranjera, utilizamos una sudadera de la selección mexicana, unos lentes de sol y una gorra de Tecate; -Ahora sí Valérie, pareces totalmente una chilanga-. Después me comentó, -y tú, ¿no te vas a disfrazar?-. Y yo, aunque no lo necesitaba, opté por usar mi camisa sacra de “El Rostro Divino”, nada mal para un día tradicionalmente religioso en el Tepito profundo.

Arribamos al barrio bravo, caminamos entre los sonoros gritos de los comerciantes, el crisol de colores y mercancías piratas de todo tipo. Muchas personas iban acompañadas de una pequeña figura de San Martín de Porres, ya que casualmente aquel día coincidía con la fiesta de aquel santo patrono. Le mostré a Valérie las zonas más famosas del barrio bravo, entramos a algunas vecindades tradicionales y después de internarnos en el enorme mercado terminé por desubicarme, pero "preguntando se llega a Roma" y así un señor extremadamente amable me oriento nuevamente para llegar a los más renombrados tacos de papa en la calle Matamoros, ahí Valérie experimentó el elixir fermentado de nuestro México Distrito-Federal, me refiero al típico tepache. Después proseguimos con algunas compras y nos retiramos del ajetreo y gentío tepiteño.

Visitamos la Biblioteca Vasconcelos, el gran “elefante blanco” del foxismo. Aprovechamos para tener un instante de relajación y lectura. No fue mucho tiempo, al poco tiempo partimos en pos del Palacio de Correos (al lado de Bella Artes) pero aún antes de llegar a nuestro próximo destino pasamos por la plaza del mariachi, la insigne Garibalidi, lugar donde escuchamos la canción mexicana predilecta de mi acompañante: "Cielo rojo".
En el palacio de correos Valérie envión algunas postales a sus bienqueridos y distantes belgas , y ya de paso visitamos también el bello Museo de la Marina, con sus maquetas tan detalladas y la interesante historia de la navegación. Es un sitio pequeño pero sumamente recomendable, sobretodo por la representación de la batalla entre españoles y mexicas antes de la definitiva caída de Tenochtitlán, aquel lejano 1521.
Volvimos a casa, tomamos un baño y partimos con Malacopa al festival de jazz del CNA (Centro Nacional de las Artes). Valérie tenía un peculiar interés por ver a sus colegas belgas tocar, ellos formaban un extraordinario cuarteto, dirigido por el aclamado compositor flamenco Tuen Verbruggen. Fue estupendo sentir como existe una conexión entre la música y la relajación corporal, dejarse perder por unos momentos en un placer sensorial como resultado de una bella sintonía entre el sonido, la mente y el cuerpo.

Para seguir con nuestro tremendo programa, regresamos al Centro Histórico, esta vez al corazó de la ciudad, el zócalo. Presenciamos un evento de particular trascendencia, denominado "Apaga la luz por 60 minutos”, su objetivo: crear consciencia sobre el Cambio Climático. No estuvo mal, finalmente es importante difundir el mensaje sobre la apocalíptica realidad de nuestro planeta; no obstante, me dio coraje ver a varios imbéciles repartiendo pequeños tubos de luz neón entre los presentes, finalmente es basura desechable sin posibilidad de reciclaje. ¿Que rollo?, se trata de luchar contra la contaminación y estos descerebrados repartiendo a diestra y siniestra basura. ¡Carajo! ¿que clase de ambientalistas organizaron el evento?.
Presenciamos el discurso de Marcelo Ebrard, hubo danzas de concheros y poesía en náhuatl. Platicamos muchos sobre el medio ambiente, compartimos ideas, experiencias e ideales. Llegó al fin el momento del gran apagón, fue muy emotivo, la gente saltaba y gritaba con energía. -¡Apaga la luz, cuidemos el planeta!-, -¡Hagamos conciencia, la tierra se calienta!-.


Para seguir con aquel fabuloso día nos dirigimos al bar de jazz “El Zinco”. Platicamos sosegadamente y convivimos con el profesor de piano de Valérie, un chico muy simpático de origen peruano-belga que trajo consigo deliciosos chocolates Cote d’ Ivore para regalar, nos dio dos ejemplares de aquella renombrada exquisitez europea para que Valérie los utilizara unos días después en un mole belga-mexicano que deleitó todos los paladares.
Al salir del jazz nos dirigimos con Malacopa y otros compañeros de la Facultad a un bar cubano en la colonia Condesa, en verdad estábamos demasiado cansados, pero aún así bailamos mucho hasta que realmente las piernas comenzaron a tremer de agotamiento; llegó el momento de partir, un domingo volcánico nos esperaba.

LA CONQUISTA DEL CIELO.

Con la voluntad de salir del estrés citadino, pensé en organizar una caminata de montaña. Siempre he disfrutado escalar y conquistar cumbres, aunque por ahora mis números y experiencia sea todavía limitada. Llegan a mi mente recuerdos de la niñez, subiendo el Cerro de la Estrella con mi hermano y con mi papá, los Dinamos, el Cerro Grande de Chihuahua y el Tepozteco. Y bueno, los gratos recuerdos internacionales, escalando las empinadas montañas de Grenoble con Jordy, Charlotte y Miguel; el bello montañismo con Sergiao a los alrededores de Ouro Preto, Brasil y la reciente conquista con Lalo del volcán Pacaya en Guatemala.

Esta vez llegaba la hora de avizorar uno de los volcanes más altos de México, el espectacular Nevado de Toluca o Xinantécatl de 4, 690 metros de altura. Este volcán de tipo stromboliano se encuentra inactivo y su cráter tiene dos majestuosas lagunas: la del sol y la de la luna.

Éramos 5 los expedicionarios: Valérie Parent, Marlene Díaz, Karun Yamin Yatani, Manuel Vázquez y el escritor. Grupo compacto, deseoso de conquistar la cuarta cumbre más alta del país y amenizar aquel paisaje con una guitarra trovadora.

Llegamos a los pies del volcán a las 10:30am, atravesamos la reserva natural y prácticamente conseguimos estacionar el automóvil a tan sólo 2km del cráter. La falta de oxígeno era perceptible con el denominado "mal de altura". El aire golpeaba fuerte y frío; tomamos nuestras provisiones alimenticias, la emblemática guitarra, un banderín de los pumas y comenzamos a subir hasta la cumbre. Al llegar a la cima, observamos un paisaje fantástico, se podían ver las dos lagunas en su esplendor y un paisaje semidesértico repleto de pequeños matorrales. Fue el momento de gritar con estridencia la famosa porra de nuestra Universidad (que por cierto Valérie ya dominaba)- “1, 2, 3.. ¡Pumas!, ¡México!, ¡Universidad!.. Goya, Goya cachun cachun ra ra, cachun cachun ra ra… Goya ¡Universidad!”

Descendimos en el cráter hasta llegar a la laguna de la luna, reposamos y comimos nuestras tortas de atún, cantamos algunas canciones conocidas que forman parte del repertorio de nuestros distinguidos guitarristas Karun y Manuel; corrimos alrededor del lago y gritamos con estridencia para escuchar nuestros ecos retumbando en el más allá.

Dentro del propio cráter existe otra montaña que divide las dos lagunas, en aquel pináculo se puede tener una vista bellísima de aquel paisaje inhóspito, así que, decidimos subir, no sin antes cantar la ya tradicional, y ahora internacionalmente conocida “Nube de algodón” de Karun Yamin.
Al comienzo los únicos que se animaron a llegar a llegar al punto más alto fueron Karun, Valérie y yo, pero después de haber encontrado rastros de nieve exhorté a Manuel y Marlene para que subieran con nosotros.
Finalmente llegamos a un lugar con nieve, no mucha, pero finalmente estaba ahí, tomando en cuenta que es primavera. ¡Caramba!, aunque debo que reconocer que mis bruscos movimientos en la montaña hicieron que mi corazón palpitara excesivamente, después vino un mareo y comprendí que todo se debía a la gran altura de aquel paraje. Sí, falta de experiencia, ahora prevalecerá la cautela ante situaciones semejantes.
Llegamos a la cumbre y quedamos arrobados con la imagen de ambas lagunas, sobretodo la del sol, que lucía con un color verde turquesa muy impactante. Aprovechamos aquel panorama para reposar y seguir cantando mientras la tarde transcurría apaciblmente

Comenzamos a retirarnos a las 4:30pm con el temor de no encontrar más luz a nuestro regreso, creo que fuimos los últimos en salir. Intentamos contribuir con el ambiente, recogimos algo de basura que veíamos a nuestro paso, que no era mucha, pero que nunca falta. Comenzó nuestro regreso a la Ciudad de México y Manuel nos propuso ir por unas quesadillas a la Marquesa, todos lo secundamos, pero acercándose la noche cambiamos el plan y fuimos al centro de Toluca por unas tortas de chorizo que Manuel recomendó con muchísima emoción en un lugar llamado "La vaquita negra". Ya satisfechos, caminamos amenamente por aquella ciudad satélite y volvimos a casa totalmente agotados, pensando en tantas cosas que quedan por hacer y por descubrir.

jueves, 26 de marzo de 2009

AMLO, la coherencia de la austeridad republicana

La disfunción gubernamental es una realidad lamentable a cualquier nivel de gobierno en nuestro país. El sistema de democracia representativa aplicado a nivel masivo entre millones de mexicanos dota, en teoría, de legitimidad a los “representantes populares.” Los candidatos en los comicios electorales son, en su mayoría, resultado de una serie de compromisos creados y atavismos concretados a partir de la mafiosa y burocratizada estructura de cada partido político. Y así, después de las facciosas y manipuladas “elecciones democráticas” surgen nuestros políticos, quienes buscan generalmente el prestigio y los salarios elevados que otorga el poder público y poco recuerdan su papel fundamental: el servicio público.

La política se ha transformado en un gran negocio privado, se otorgan prerrogativas envidiables en relación a la percepción de un trabajador común. Se ofrece un altísimo salario, servicios médicos mayores, viáticos, gastos de representación, llamadas ilimitadas a celular,y por si fuera poco, en algunos casos, un fuero político. A parte en el poder legislativo no existe siquiera una obligación concreta de rendir cuentas por su labor, es decir, hablamos de un trabajo tetricamente ideal a costas de la población.

Me irrita como ciudadano observar el desprestigio y cinismo de la clase política, me pesa ver la poca acción de la sociedad civil para intentar cambiar la situación. Y nuevamente, de entre las sombras, vuelve a surgir el ya legendario “terco” que no se da por vencido; su nombre: Andrés Manuel López Obrador; su difícil misión: Reestructurar el deteriorado Estado mexicano.

Ayer AMLO refrendó ante la Asamblea Legislativa la necesidad de modificar la infame autonomía en otorgación de salarios que existe en el Estado, un sistema absurdo que permite a un presidente municipal decidir casi de manera discrecional el monto de su sueldo, ejemplo claro es el Alcalde de Zinacantepec en el Estado de México que percibe una salario de $246, 476 pesos(salario mayor al del presidente), más aberrante y patética resulta la Suprema Corte de Justicia de la Nación al mantener salarios netos de aproximadamente $600,000 pesos mensuales. ¿Y qué decir del hediondo IFE?, una de las instituciones con menos calidad moral del país, e intentó equiparar sus salarios a la SCJN, pero fue duramente criticado y a regañadientes ocultó su malsana intención. En suma, todo esto es insultante en un país en el que el salario mínimo es tan bajo: $54. 80 pesos diarios en la zona A.

Ahora me permito tomar mi calculadora y jugar con los numeritos. Como he dicho, un salario mínimo en la zona A (el mayor de las tres zonas) es $54.80 por día. Un ministro de la SCJN gana $20mil pesos por jornada, es decir, 370 veces más que un empleado común. Se pone en evidencia una terrible y triste realidad en el país. ¿Cómo es posible que el máximo tribunal encargado de brindar justicia a la Nación sea tan miope para no observar que su salario es totalmente injusto?

López Obrador ha mantenido firme su bandera de austeridad republicana, cabe recordar que en la campaña presidencial de 2006 una de sus propuestas más controvertidas era la disminución de salarios en un 50% a los altos cargos públicos, hoy sigue exigiendo con la misma estridencia la rectitud y coherencia de la clase política. No queremos más medidas ridículas como el mísero 10% que redujo Calderón al inicio de su mandato espurio, necesitamos un cambio hondo, de raíz, que deje huella y marque realmente la pauta a una nueva época sin tanto cinismo y con mejores acciones.

martes, 24 de marzo de 2009

Excelente fin de semana.

¿Planear o improvisar?... esa es la cuestión. Quizá lo más sensato sería buscar el término medio, no obstante este fin de semana me volqué de una manera total hacia la segunda opción, y fue, sinceramente, alucinante. Lo único que me pesa un poquito es haber dejado de cumplir con cierta rutina que considero necesaria para concretar proyectos, pero ya ven, siempre existe el incurable defecto mexicano que todo lo justifica: -bueno, lo dejo pa' mañana…-. Y así, un día tras otro se nos escurre la vida. Desde luego no pretendo hacer de este escrito un ensayo filosófico sobre los dilemas existenciales, ni mucho menos hacer una apología de la vida a la deriva, sino simplemente narrar sencillamente los hechos bellos que hicieron de estos tres días una secuencia agradable.

El viernes 20 de marzo fue el cumpleaños de mi ahora sexagenario padre. Mi madre, siempre la más detallista de la casa me exhortó a llegar temprano de la Universidad para "salir a comer en familia". Regresé a casa con mucha hambre, que, como diría alguna vez un amigo venezolano, sólo me faltaba echarle un poco de sal a mi mano para saciarme; el estomago me rugía, ya no aguantaba más. Para mi sorpresa mis padres ni siquiera se habían bañado, entonces tuve que recurrir desesperadamente a dos manzanas para distraer un poco aquel apetito voraz. Mi padre tenía por derecho la potestad de decisión, sin embargo, como es costumbre, delegó su prerrogativa a la mamma (que espanto, ya comienzo a escribir como abogado). Doña Carmen decidió ir a un restaurante argentino cerca de la casa, y como saben, la gastronomía de los gauchos nunca ha sido muy variada, entonces recurrimos a su único platillo: un trozo de carne. Olvidé mencionar que fui el único de los tres hermanos que estuvo presente en aquella tarde; mi hermano Sebastián se encontraba en Italia en sus enormes vacaciones y la niña se fue con sus amiguitos a Cocoyoc.

Henos ahí, a los tres, comiendo bastante y tomando mucho vino; hubo un momento en que mi mamá y yo estábamos hablando con la voz arrastrada hasta que la doña confesó: - híjole, me siento un poquito borracha-, desde luego nos arrancó unas cuantas carcajadas que se desvanecieron cuando llegó la cuenta ¡Glup!. Como sea, ¡felices sesenta José Luis!, que se sepa que estoy muy orgulloso de mi padre. ¡un brindis por el señor Director!, ¡larga vida a la familia Urquieta!

Llegué a casa cansado y ligeramente tomado, pero aún era “el viernes”: El día que acumula el cansancio de la semana entera, día sagrado para los musulmanes, día esperado y venerado por los jóvenes por ser sinónimo de fiesta y destrampe. Sí, ese viernes en el que de manera indefectible siempre hay algo que hacer por la noche, fue casualmente el día en el que decidí quedarme en casa para leer un poco y ver el maravilloso documental francés de “la marche de l’empereur.” con imágenes de ensueño, brillantes descripciones y un Oscar de respaldo, no fue capaz de contener mi colapso, pronto sucumbí del cansancio y desperté por una llamada a mi celular dos horas más tarde. Era Jordy “el fiestero”, quien ya tenía un plan y sonaba muy tentador: –Hay un concierto de músicos venezolanos ¡venga!, ¡anímese compadre!-; y aunque estaba muy cansado, después de meditarlo unos segundos terminé por aceptar, tomé mi sombrero dublinés, un saquito, y avisé a mis padres sobre mi salida. Desde luego, mi padre me sentenció con su famoso: -Luis, pero mañana te toca hacer el patio, así que llegas temprano- (pequeña labor que al menos lleva dos horas), está bien, no hay problema, algo se debe de hacer para colaborar en casa.

Pasó Jordy en su épico Platina y estaba acompañado por Natalia y Catalina, dos chicas venezolanas que iban con mucha pila en contraste con Jordy y yo que nos sentíamos muy agotados. Llegamos al bar indicado en la Condesa y escuchamos músicas muy disfrutables; de repente alguien me llamó, era nada más y nada menos que Diana Zazueta, la hermana de Carlos Malacopa. Platiqué mucho con Diana sobre Brasil, la India, la política exterior y lo difamador que es su hermano (más vale hacer saber sus mañosas mentiras porque dice cada cosa…) Fue una noche tranquila, apacible y bella, llegué a mi casa temprano y caí muerto en la cama.

El sábado tenía una tentativa cita con una amiga que no veía desde hace cuatro años y medio, Abril Arevalo, quien fue mi novia cuando tenía 16 y que por casualidad, a través de nuestros hermanitos que estudian en la misma generación (sexto año de primaria), surgió la interesante idea de reunirnos a conversar. Todo fue un poco improvisado, le hablé por teléfono para concretar el encuentro por la noche, pero después de reacomodos por su disponibilidad, acordamos vernos en el ángel de la independencia a las 4:30pm. ¿Acaso hay un lugar más simbólico en la ciudad para hacer citas?. Llegó un poco tarde y fuimos a charlar a una terraza de la Zona Rosa. Tuvimos que hacer una gran síntesis de muchos hechos para actualizarnos sobre nuestras vidas, no cabe duda que fue un momento ameno, vaya que había mucho que decir.

Después nos dirigimos al centro histórico en pos del festival de Primavera. Desde nuestro arribo quedamos perplejos por la cantidad y variedad de eventos que acogió nuestra ciudad; vimos fácilmente seis o siete espectáculos con detenimiento, fuese en la Alameda, en la plaza Tolsá, en el Museo de economía, en el Zócalo, etc. Me habló al celular Malacopa y nos encontramos en medio de un animado carnaval boliviano, en el cual hubo un momento en el cual entré con Abril a una batucada y nos daba mucha risa lo arítmicos que somos los mexicanos. De repente, a lo lejos escuché que alguien cantaba –Poeira… Poeira, Levantou poeira-; no lo podía creer, un excelente concierto brasileño con las canciones de Ivete Sangalo que tanto me marcaron en aquella estancia de 2004-2005 en el país sudamericano. Pronto corrí con Abril y penetramos la muchedumbre con particular emoción. El grupo musical era estupendo y yo cantaba con ahínco casi todo su repertorio. Llegó el momento de éxtasis al escuchar abalou” y la famosísima chorando se foi”. Intenté bailar lambada con Abril pero el espacio era muy pequeño, así que me dediqué a saltar como un loco en éxtasis.

Terminó el concierto y me despedí de Malacopa y su compañía, caminé con Abril por toda Avenida Reforma, no sin antes escuchar un último concierto de cuerdas, sencillamente sensacional. Fue sumamente grata la presencia de Abril en aquella noche, la encaminé a su carro y quedamos en volver a salir próximamente. Al despedirme de ella, partí a otra fiesta venezolana con el compadre Jordy. Llegué a un departamento hippie, tomé unas cervezas, charlamos un poco sobre Chávez y la UNAM, y degustamos deliciosas arepas dulces. Fue un buen cierre para aquel día tan emotivo.
Domingo, conocido por muchos como el “dormingo.” Fue el día que finalmente me dije a mí mismo – Luis, ahora sí, todo el día lo vas a aprovechar para avanzar en tus deberes-. A medio día me habló Andrés Barrios emocionado para invitarme a ver una película mexicana en la Cineteca Nacional. Me negué sutilmente e insistió mucho contándome maravillas de la trama y el guionista. En fin, acabé aceptando y ya con un plan en puerta aproveché para invitar a Marianini (la novia de mi hermano). Barrios posee una cultura musical gigantesca y no tardó en presumir sus nuevas adquisiciones de música clásica oaxaqueña; escuchamos “Dios nunca muere” excelsa creación de Macedonio Alcalá, y después, una versión bellísima de “la llorona,” melodía que trae consigo innumerables recuerdos de la prepa.

Llegamos a la Cineteca, elegimos “El Gallo de Oro” y entramos con muchas expectativas. El filme resultó ser un folklorismo extremo de la mexicanidad, diálogos novelescos e inverosímiles, escenas graciosas y una trama vertiginosa que siempre nos tuvo atentos. No estuvo mal, aunque quizá me esperaba algo mejor después de tanto arguende que hizo Barrios.

Marianini se despidió y Barrios quiso asistir otro filme; yo pensaba volver temprano a casa pero su persuasión fue tal que nuevamente me dejé llevar, incluso me pagó la entrada con el fin de que nos quedaramos. El segundo filme fue “Desierto Adentro”, un excelente largometraje que toca el delicado pero interesantísimo tema de la Guerra Cristera (1926-1929); las actuaciones, el desenlace y la moraleja son inmejorables. Ampliamente recomendada.

domingo, 22 de marzo de 2009

Un proyecto ambientalista

Definir los ideales personales siempre resulta bastante complicado, más aun ante el indefectible pasar del tiempo que todo lo cambia y nos arroja ante innumerables descubrimientos; entonces, el planteamiento estricto de un ideal sería someter nuestra condición a un criterio reduccionista ante un mundo que brinda tanta variedad en su compleja constitución.

No obstante, de entre todos aquellas reflexiones que sacuden mi conciencia siempre hay una que prevalece, que en ocasiones se encuentra disminuida pero es capaz de resurgir con mayor fuerza y gran anhelo de acción, saben de que hablo: mi vocación ambiental.

Hace sólo tres meses me encontraba en Dublín con la idea de realizar una estancia de ocho meses en la bella Isla Esmeralda. Mi objetivo principal, por así decirlo, era encontrar un espacio de introspección, de lejanía, que me hiciera repensar la vida y forjar un estrategia viable para consolidar un proyecto con potencial de materialización, sin embargo las dudas surgieron de manera natural.

La calidad de vida en Irlanda es una de las más altas de Europa y su historia resulta asombrosa, ya que de ser uno de los países más pobres del viejo continente, en un periodo de 20 años se transformó en una de las economías más desarrolladas del orbe. La gente en general es amable, la ciudad sumamente cosmopolita y la remuneración a cualquier trabajo es gigantesca en comparación a nuestro México. ¿Por qué pensé en Irlanda? Quizá sería una pregunta que debí de haber hecho con mayor detenimiento antes de tomar determinaciones, y la respuesta puede manifestarse en dos sentidos:

1. Mi hermano tenía ya 5 meses viviendo en Dublín y en aquel tiempo obtuvo un trabajo estable, decenas de amistades, delirantes anécdotas y sobretodo gran madurez e independencia. Al idealizar la vida de mi hermano, con un bello trabajo y una vida halagüeña, tenía una referencia directa y cierta de aquello que podría encontrar, por lo tanto me daba cierta seguridad recorrer un camino ya trabajado.

2. La ventaja de la lengua inglesa. Siempre he sido torpe con el inglés y viviendo en aquel país por consecuencia lógica adoptaría rápidamente una inusual fluidez, muy útil desde cualquier punto de vista.


Salí de la Ciudad de México el 18 de diciembre del 2008, llegué a la capital irlandesa un día después para permanecer ahí durante 18 días, un lapso que me arrojó a innumerables introspecciones y consideraciones objetivas que permitieran elegir el mejor camino ante suspicacias tan ambivalentes. Mis días en Irlanda por lo general fueron muy enriquecedores y bellos, caminando por las calles, conociendo con mayor profundidad a mi hermano y descubriendo la realidad que vivió durante sus primeros días en aquel país; también me visitaron varios amigos, ya sea por coincidencia o por acuerdo. Encontré a una estimada colega francesa que conocí en la Ciudad de México y algún día visité en Grenoble junto a su familia y su novio, me refiero a la simpática Charlotte Giovansili; después arribó Marianini (la novia de mi hermano) y Gabriel (el hermano de Marianini) mejor conocido como “Chiquilín” de manera irónica ya que mide casi dos metros; posteriormente un buen amigo de mi Facultad que vivía en Sevilla, el famoso Carlos Malacopa; poco después hizo su presencia mi entrañable amigo Jordy acompañado de otra amiga española; y para finalizar invité a pasar el año nuevo con nosotros a tres amigas belgas que fueron excelentes anfitrionas en aquel inolvidable verano del 2007 en Bruselas.

Prácticamente Irlanda se transformó en un mundo alterno que tenía poco que ver con la atmósfera local, era una invasión belga-mexicana que disfrutó de bares célticos, cerveza Guiness y estofados, pero que estuvo alejada de una verdadera compañía de lugareños. Mi deseado viaje de introspección y reflexión había mutado en fiestas interminables e infinita alegría. Viví momentos de éxtasis saltando con mis amigos a las orillas de Liffey river, cantando “cielito lindo” y “Aisha”, danzando Certe Notti (mi canción predilecta) con una italiana a las 4:00am, viajando en caravana a Belfast y platicando de comics y lucha libre con Malacopa, en fin, un viaje hartamente placentero e irrepetible.


Al terminar la gran fiesta de año nuevo, después de prolongadas noches de festejos y expectativas ya concluidas, llegó a mi mente, como si se tratara de un súbito torrente, un cúmulo de reflexiones que fueron el presagio de una gran indecisión, ¿qué hacer con mi vida?, ¿realmente estaba satisfecho hasta aquel punto con lo realizado?, ¿me podía realmente sentir orgulloso de tanto hedonismo?, ¿y los ideales?, ¿dónde quedaron?, ¿qué fue de aquel bello discurso que incluía un verdadero compromiso histórico?, ¿existía?. Comencé a imaginar mi vida en Irlanda, sí, siempre el mundo representado se adecua a la voluntad individual, pero de manera inusitada comencé a dudar ampliamente sobre mi deseo original de permanecer en aquel país; mis perspectivas podrían ser envidiables: buscar un trabajo sencillo, tener un elevado salario en caso de tener fortuna y después viajar y seguir viajando, regresaría a México para concluir mi carrera y estabilizarme de manera natural[...] sonaba bien, era seductor, ¿quién podría negarlo?. Pero en el fondo había algo que me incomodaba, saber que postergaría nuevamente aquellos ideales y viviría por inercia en el desenfreno y festejo constante que se tornaría en un vacío interno, algo difícil de soslayar. Dejé Irlanda el dia 6 de enero con mi hermano, surgió la loca idea de irme a la India unos 5 meses, y lo hubiera hecho si los trámites hubieran sido más sencillos. Fuimos a Londres unos días, después pasamos casi dos semanas en Portugal y en aquel bello país marinero cumplí mis 23 años, definitivamente aquel aniversario fue uno de los días más bellos de toda mi vida, ya que dos portuguesas y una chica mexicana de una manera fraternal me pasearon junto a mi hermano por la ciudad de Oporto, nos llevaron a los sitios más bellos y me invitaron a cenar unos mariscos deliciosos. Pero algo era cierto, ¡ya tenía 23 años!, ya no es poca cosa, ya no hay tanta inocencia, ya hay más responsabilidades (aunque sea una ficción) y también hay más conciencia. Los días subsecuentes a aquel hermoso día fueron decisivos en la toma de decisiones, ya mis dudas se habían reducido a dos vías: 1. Quedarme en Europa hasta agosto, buscar un trabajo y establecerme en alguna ciudad; 2. Regresar a México, entrar de lleno a la materialización de proyectos ambientales y terminar la carrera.


Platiqué con mis padres, conversé con amigos y tomé la determinación de volver. Después de Portugal visité España y Marruecos con mi hermano y Malacopa, y el día 11 de febrero tomé un avión desde Dublín para regresar formalmente a la Facultad de Derecho el día 12.

Desde que regresé encontré una particular revitalización de los anhelos ambientalistas que siempre pregoné, pienso en nuevos proyectos y me apasiona conocer los múltiples campos de acción que existen ante la mayor crisis que afronta el planeta. En ocasiones, al comprender el grado de destrucción alcanzado se presiente un desalentador sentimiento de impotencia, pareciera inminente el caos, sin embargo no me cabe la menor duda que veo en ello la lucha más loable y digna de nuestra generación y seguramente de aquellas que quizá lleguen a subsistir en el futuro.

viernes, 19 de diciembre de 2008

En Chicago.


Heme aquí, una vez más en los Estados Unidos, detenido en la tercera ciudad más importante de la unión con la frustración de tener poco tiempo para conocerla. Veo por la ventana un hermoso paisaje nevado, todos los automóviles cubiertos de blanco y la tarde languidece lentamente. Hace dos horas tuve que vivir la nada agradable monserga aduanera (que he de confesar, siempre me causa un ligero nerviosismo) y los exagerados métodos de seguridad que llegan al extremo de retirar los zapatos. Mi inglés hasta ahora ha sido poco útil, finalmente el aeropuerto está tan bien diseñado que es fácil dejarse llevar por las simples indicaciones. Una maquina de internet rápido me robó cinco dólares y el personal de Mc Donalds en un aparente descuido intentó darme menos cambio del que me correspondía al pagar una raquítica Big Mac. Ya cometí el primer error, olvidé traer conmigo la dirección y el teléfono de Sebastián. Afortunadamente en mi correo electrónico hallé lo que buscaba, todo gracias a una afroamericana cordial que me facilitó su computadora para acceder a internet, ya que todas las conexiones inalámbricas piden clave de ingreso.

Me encuentro con una amplia incredulidad, no puedo concebir aún la dimensión de una estancia en el extranjero tan prolongada. Solamente hace unas horas estaba despertando en casa y abrazaba a mi papá y a mi hermana antes de ir rumbo al aeropuerto con Bertha. Hace dos días departía alegremente con mis amigos más entrañables y vivía una rutina llena de vicisitudes pero a fin de cuentas memorable. Ahora me encuentro en Chicago, a solamente dos horas de partir a Dublín, a diez horas de reencontrar a mi hermano, a ocho meses de volver a casa.