domingo, 30 de agosto de 2009

Igreja Universal. Robando con fe (Parte 2)

La experiencia desde adentro
Decidí infiltrarme con mi hermano a una de las polémicas misas de la Igreja Universal. Para comenzar, realizamos una pequeña búsqueda en internet y localizamos su templo principal en la Ciudad de México. Llegamos a un gran edificio que en su enorme fachada intenta emular al Partenón griego, pero por dentro no tiene ningún rasgo artístico, más bien se asemeja a un gran cine con tienditas de reliquias, centenas de folletitos y sitios de reclutamiento para jóvenes voluntarios. Ingresé con mi hermano al gran foro donde se efectuaba la ceremonia, ésta ya tendría unos quince minutos de haber comenzado. Y discretamente tomamos asiento en las primeras filas.
El pastor que conducía la homilía (con un exagerado acento brasileño) hablaba con mucha exaltación. Exhortaba a los feligreses a confiar en sí mismos, a vencer al “Gran Gigante” que los tenía confinados en la mediocridad; hablaba de David, aquel pequeño hombre que con ayuda de Dios derrotó a Goliat y consiguió demostrar a sus hermanos que con fe y astucia todo es posible. ¡Bah!. Era un discurso muy chafa y sentimentaloide. Pero efectivo, toda el rebaño de aduladores escuchaba y participaba animosamente cada vez que el Pastor hacia cualquier pregunta, ¿Amén?..

Terminando su ridículo y eficaz sermón, el Pastor nos convocó a pasar al frente, pidió que alzaramos los brazos, que cerraramos los ojos y sintieramos así la presencia de Dios. Todo esto iba acompañado de una música de ambientación y un cambio de luces que iluminaba únicamente un enorme trono vacío en el centro del altar. La gente enloquecía, comenzaba a “hablar” con Dios y confesaba sus pecados en voz alta, mientras tanto, el Pastor gritaba de manera ininteligible con su micrófono hasta que, después de varios minutos gritó"¡Basta!". Con una voz calmada el Pastor tranquilizó al rebaño, pidió que todos nos tomaramos de las manos y rezaramos El Padre Nuestro. Después volvimos a nuestros asientos.

Llegó el momento más esperado, la danza de los billetes, el tiempo de la limosna que, por cierto, ellos no llaman así sino la renombraron con un nombre más glamouroso: “La noble contribución”. Esta sesión meramente monetaria es exhaustiva, dura casi media hora y cuenta con los mecanismos manipuladores mejor afianzados de la Igreja Universal. Es una invitación a donar con las artimañas más sagaces y maniqueas que jamás haya visto, al utilizar la técnica más artera: la exhibición pública.

Son en total cuatro solicitudes de contribución. Las primeras dos son a través de sobres repartidos en cada sesión dominical. El primer sobre se utiliza para depositar el diezmo que, según ellos, es la contribución mínima que se debe otorgar, algo elemental e infalible; además, es el pago que la misma Biblia indica en la cita de Malaquías 3:10, en la cual Dios “promete” bendiciones especiales para quienes se mochan puntualmente. Cito de manera literal: "Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto, dice el Señor Todopoderoso, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde". Malaquías 3:10. Este texto se lee siempre en la Igreja Universal. El Todopoderoso ha hablado ¡A pagar!

El segundo sobre implica un pago por concepto para realizar una bendición especial para materializar un milagro específico. En este caso existe una cuota fija, son sólo cien pesos. Sí, así de sencillo, se vende el milagro por simplemente cien insignificantes pesos ¿qué generosos, no? En ese sobre de tarifa única deben de adjuntar un papelito con el nombre de la persona interesada y el milagro que espera recibir. Además, ese sobre ¡llegará a Tierra Santa! Y no sólo eso, será también recubierto con el agua del río Jordán. ¡Sí!, el mismísimo río en el que Juan Bautista bautizó a Jesús el Nazareno. No cabe duda la astucia de estos Señores. ¡Ratas mentirosas!
Mi hermano y yo estábamos boquiabiertos, nos parecía el teatro montado más efectivo del mundo. La respuesta del público era casi unánime, decidida y entusiasta a colaborar con los charlatanes. Y cuando pensábamos que todo había acabado e iríamos en pos de nuestros lares, vinieron nuevas técnicas para seguir recaudando dinero de los ya sobreexplotados asistentes. El Pastor con estridencia comenzó a decir con extraño portuñol -“Agora sim hermanos, llegou l’ momento de demostrarle el nuesstro carinho a Deus. Vamos ver, ¿quem de ustedes pode dar el bilhete mais grande pra quedar lleno de bendiciones?. Sabemos que nosotros temos que dar lo mejor de nosotros. Si realmente amamos a Deus no podemos darle lo que nos sobra, tenemos que darle aquello que tiene un valor importante, algo que pueda dar testimonio de nuestro amor con el. Usted tiene que tener claro que lo que usted da agora será retribuido mil veces mais en el cielo, y no sólo de maneira temporal, sino para la eternidade.”- ¿Qué..? No lo podíamos creer. De repente el Pastor abrió un saco y dijo, “Quien pueda dar un bilhete de $500.00 pase al frente rápido, vamos”. Y de manera asombrosa varias personas aparentemente humildes se aproximaron y depositaron la contribución requerida. Al terminar los de $500.00, el Pastor continuó con $200.00, y así sucesivamente hasta llegar a $20.00. Era algo inaudito. Entre las personas que pasaron a depositar cándidamente la obvia extorsión, se encontraba gente con notables problemas físicos, con reumas, mutilaciones, alteraciones mentales, etc. La Igreja Universal promete realizar milagros que ni los médicos podrían hacer, se transforman en el centro de esperanza de los desamparados, juegan con ellos difundiendo un falso discurso benevolente y comprensivo; aunque realmente, en el fondo, abusan de la carencia afectiva y desesperación extrema de los más humildes para materializar su ignominiosa ganancia. ¡Qué indignación..!, ¡Qué desfachatez..!

Ya para cerrar con broche de oro la ceremonia más lucrativa del mundo, una especie de monjas-voluntarias repartió unos pequeños sobrecitos y unas pulseritas con la frase “Jesús me hizo revivir”. Estos dos elementos sellan la misa y el sermón. Los asiduos asistentes ya sabían el simbolismo de ambos objetos e inmediatamente observamos como muchas personas sacaron una fotografía de sus familiares y la alzaron en dirección al altar, mostrandola a aquel trono gigante y vacío donde supuestamente esta sentado Dios. El Pastor comenzó a explicar las indicaciones para todos los novatos “El sobre que tienen en sus manos es para hacer una oración especial para su familia, también tiene una contribución única de sólo $10.00, coloquen una moneda de $10.00, y si no tienen una moneda de esa cantidad pongan dos de $5.00, no hay problema. Ahora tomen el sobre con fuerza ya con la moneda adentro, y pídanle a Dios por las personas que más aman, pídanle para que ellos reflexionen y encuentren también el camino de Jesús. Sientan como Jesús también los ama ¿Amén?” (La palabra Amén es usada con el significado de “¿entendieron?, ¿les quedó claro?, a lo que el rebaño siempre responde al unísono “Si, Pastor”)
Después el joven Pastor explicó el significado de las pulseras. “En sus manos tienen dos pulseras, una es para ustedes, para que porten a Jesús a cualquier lado al que vayan, para que sientan su protección a cada momento; la segunda pulsera regálensela a una persona que estimen mucho y quieran ayudar, alguien que necesite también de la palabra de Deus y del amor de Jesús. A esa persona que ustedes quieren que pare de sufrir, tráiganlo aquí con nosotros el próximo domingo ¿Amén?” Los borregos respondieron “Sí, Pastor”.

Antes de terminar la misa el Pastor insistió nuevamente con la donación de la siguiente semana “No olviden que el próximo domingo tienen que traer los dos sobres ¿Amén?”. Y así la obediente y fanática manada abandonó el recinto, con ellos también salímos nosotros.

Al salir del lugar mi hermano y yo estábamos impactados, ni siquiera podíamos hacer el típico comentario burlón, realmente habíamos experimentado una sensación que confundía la condolencia, la indignación, el coraje y al mismo tiempo la incredulidad. ¿Cómo podían haber hecho esos brasileños truhanes el mayor de los negocios?, ¿Qué acción poder tomar para detener la extorsión de los excluidos?, ¿Quién en su sano juicio podría creer en esa tremenda pieza de charlatanería?.
Al dejar al rebaño que acompaños en la misa, encontramos nuevas hordas de borregos jóvenes que se dirigían exaltados al templo. Eran cientos de ellos, gritaban consignas cristianas, cantaban esas pegajosas canciones alabadoras, y hacían sonar sus trompetas con gran estrépito. Estas nuevas huestes no eran la imagen de una Iglesia convencional, más bien se asemejaban a una corriente porra de futbol que ingresaba al estadio haciendo alboroto. Obviamente nos unimos al grupo, nos colamos con las personas que venían de Tacubaya e imitamos todo lo que hacían. El lector debe tener en cuenta que siempre tuvimos que actuar como infiltrados.
La gran sala de cine, es decir, el gran centro religioso estaba atestado por estos "fieles" que saltaban, manoteaban, cantaban, vitoreaban y se empujaban con ahínco. De repente apareció en el escenario el líder supremo de la secta, el gran Obispo mexicano de la Igreja Universal, otro tipín mañoso que también tenía un acento brasileño. Comenzó con el mismo choro de David y Goliat, invitó a los jóvenes a luchar contra aquel Gigante de la mediocridad, y después del sermón, como era de esperarse, sacaron sus costales para pedir dinero. ¡Rapaces inmisericordes!

El Obispo lanzó una siniestro juego psicológico, que me recordó los peores recursos manipuladores de la retórica; se victimizó ante las "crueles" críticas que ha suscitado la manera de actuar de Igreja Universal, diciendo “Allá afuera hay gente que intenta manchar nuestro nombre, dicen que somos ruines, que les lavamos el cerebro, que sólo estamos interesados en su dinero, dicen tantas mentiras. Pero yo me pregunto, ¿Es cierto eso?” A lo que el rebaño respondió un fervoroso “No, Obispo”. –“Pues claro que no”-, afirmó el Obispo arremetiendo nuevamente dijo “Por eso cuando escucho esas mentiras me entran por un oído y me salen por el otro, nuestro movimiento es básicamente una búsqueda de fe.” ¡Bah! Se me remordió el estómago al escuchar su cinismo.

Esta segunda misa, debo reconocerlo, fue mucho más divertida que la primera, incluso nos tomamos la libertad de hacer algunos videos y tomar algunas fotografías; sin embargo, repensando cada palabra del Obispo, no dejé de sentir la misma repulsión interna por el atraco inusitado que presencié aquel día, un fenómeno expansivo que en este momento atraviesa el mundo. ¿Quién podrá detenerlos?

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Al terminar la misa los humildes feligreses regresaron a sus casas, quizá dejaron en la Iglesia Universal el dinero que ocuparían en alimentar a su familia con carne y arroz. Ahora deberán de conformarse con un suculento taco de fe.

Igreja Universal. Robando con fe (Parte 1)

Desde una edad temprana me alejé de cualquier credo religioso. Aunque durante mis primeros años estuve muy cercano al catolicismo. Esta secta, predominante en México, influyó mucho en mi niñez por dos factores; mi madre, originaria de Chihuahua, proviene de una familia fervorosamente creyente, y adicionalmente, por haber estudiado en escuelas maristas hasta la preparatoria.

Ya en la preparatoria el catolicismo fue por años mi objeto favorito de arteras críticas, encontraba sus dogmas insostenibles y arcaicos. Su institucionalización, a mi juicio, pervertía los principios que supuestamente habría pregonado Jesús en sus orígenes. Asimismo existía una multiplicidad de incoherencias históricas que eran incompatibles con un mínimo de razonamiento imparcial. Y lo peor, me parecía deleznable su manera de manipular a la gente para sostener una gran empresa multimillonaria a costa de millones de ingenuos. Pero creánme, había visto aún muy poco.

Quiero añadir que no me causa animadversión el relato bíblico. Comprendí sin mayor prejuicio que no podría criticar la cristiandad entera a causa de ciertos vicios enquistados en el seno de la gran Iglesia Católica Apostólica Romana. Poco a poco me fui adentrando en una concepción más amplia, al entender que aquel fundamento teológico generaba centenas de ramificaciones e intensos debates filosófico-hermenéuticos derivados del mismo mito. Estas diversas interpretaciones variaban desde las más bellas y puras concepciones altruistas sin fines de lucro como la Teología de la Liberación, o nuevas instituciones que acudieron a manipular y desvariar el contenido de las "Sagradas Escrituras" para consolidar un grandioso emporio financiero, basandose en una ingeniosa mercadotecnia y, perfeccionando por mucho los métodos lucrativos que la Iglesia católica ya había consolidado desde su milenaria constitución.

Al terminar mi preparatoria católica (CUM), realicé un intercambio académico promovido por Rotary International. Fue así que llegué a Brasil, país con la mayor cantidad de católicos del mundo y, al mismo tiempo, con una impresionante proliferación de nuevas sectas cristianas con mucho poder.

Mi estancia anual en Brasilia fue repartida entre dos familia; la primera de ellas me hospedó por ocho maravillosos meses, tiempo suficiente para ambientarme y adentrarme a su estilo de vida. Viví aquel tiempo en una lujosa morada ubicada en el exclusivo barrio de Lago Sul; mis nuevos padres derrochaban glamour, era gente de mundo que hablaba de literatura clásica, arte, viajes, vinos y demás detalles de una vida aristócrata. Desde mi primera noche con ellos, no faltó una pregunta que consideraron esencial “Luiz, ¿você segue alguma religião?”, con prudente franqueza dije “no, ninguna”. Mi respuesta afortunadamente fue muy bien recibida, e inmediatamente después de que mi padre exhalara un breve suspiro, me confesó su nerviosismo por aquel tema espinoso, ya que ellos se asumían abiertamente "contra-religiosos", y temían que yo resultara ser un mocho mexicano que podría sentirse lastimado ante sus constantes y mordaces burlas hacia todo tipo de credo.

Paradójicamente pocos días después, mi padre brasileño me platicó que trabajaba en un altísimo cargo de Tv Record, la segunda televisora más importante de Brasil, cuyo dueño era nada más y nada menos que Edir Macedo, fundador de la Igreja Universal, la empresa de fe más rentable de toda América del sur. -¡Qué extraño!-, pensé. Un día antes “mis padres” se habían declarado férreos opositores del credo cristiano, y ahora súbitamente me enteraba que la fortuna que ellos ostentaban provenía del engaño y manipulación de una poderosa secta brasileña.


Conforme avanzó mi estancia en Brasil, fui conociendo más de cerca los secretos y artimañas de la Igreja Universal. En varias ocasiones “mi padre” llegaba a casa enfurecido por situaciones de trabajo, me platicaba con indignación las injusticias que él mismo presenciaba en el seno administrativo de la Igreja Universal. Me platicó que a todos los empleados del gran emporio, sin importar cual fuera su creencia, se les descontaba automáticamente el diezmo de su salario quincenal. También me decía que tan sólo una minoría privilegiada tenía acceso a la seguridad social, ya que en la mayoría de los casos, esa relación laboral no estaba sustentada en un contrato. Ellos utilizaban la siguiente farsa “¿acaso no hay palabra más intachable que la palabra de Dios? No necesitamos firmar nada, eso es para gente impura y nosotros hemos sido bendecidos con gracia divina.” Sí, suena un argumento bastante imbécil, pero ahora comienzo realmente a acreditarlo.

Al comenzar mis estudios en Brasil, naturalmente fui ampliando mis vínculos sociales y, casualmente, mi compañero más próximo, amable y cercano pertenecía a la Igreja Universal. Tuvimos pláticas aberrantes sobre temáticas que consideraba ya superadas, así como la evolución o la igualdad de género. Realmente a mi amigo le parecía un ultraje obsceno el planteamiento darwiniano sobre la ascendencia de un antiguo primate (Un discurso casi idéntico al famosísimo niño predicador peruano) y peor aún, culpaba a las mujeres de las penurias del mundo por el atrevimiento de Eva a consumir el "fruto prohibido". Para él, lo único existente era la Biblia, lo demás sólo diatribas perniciosas que habían inventado las personas que no tenían fe. Por lo más increíble que parezca, terminamos por ser buenos amigos. Incluso en alguna ocasión me invitó a verlo tocar el piano a su Iglesia. Afortunadamente llegué tarde y sólo lo vi en el cierre de la ceremonia. Me había perdido la escandalosa manera de pedir “las contribuciones.”

Aquí los dejo con este vídeo que habla más que este propio escrito, simplemente observen el fanatismo exacerbado.





Al terminar mi año brasileño y volver a México, quedé impactado al ver que la Igreja Universal estaba en plena expansión en mi país, contaba con decenas de templos y un programa de televisión, el patético “Pare de sufrir”. Llegó el momento de desenmascarar el putrefacto cimiento de esta empresa de fe que, partiendo de un mito, se ha enriquecido cínicamente a costa de la desesperación de los excluidos, de la gente humilde y más vulnerable. Sí, igual que la Iglesia Católica, sólo que con un elaborado esquema de mercadotecnia encaminado a un solo punto, un lucro despiadado sin ningún rubor.

lunes, 24 de agosto de 2009

¡Haga pipí mientras se ducha!

La crisis ambiental que azota al planeta requiere una (r)evolución de conciencia, un cambio que implica modificar los hábitos de consumo, y más aún, los que se refieren a la utilización del agua potable. Quienes cohabitan conmigo en la Ciudad de México entenderán muy bien de que hablo, ya no existe un mes sin escasez del líquido dador de vida, y al parecer, aunque sea optimista, esto va de mal en peor.

Para prevenir el malestar que acoje a nosotros "los chilangos", el gobierno brasileño ha realizado una campaña inusitada que exhorta a toda la población a mear mientras se ducha, un hábito que, según sus calculos, ahorraría 4, 380 litros de agua potable al año.

Me parece una buena idea para difundir, más aún para el pueblo brasileño que toma tres baños al día, entonces, ellos practicamente pueden realizar sus tres meadas diarias mientras se enjabonan. Incluso habrán brasileños que en medio de su borrachera se meterán a bañar para hacer pipí, ¡nunca había conocido personas que se obsesionaran tanto con su ducha!. El razonamiento debe cambiar. El amor que los brasileños sienten por bañarse es exagerado, así que si quieren realmente ahorrar agua deben de empezar por ahí, bañandose sólo una vez al día.

Asimismo, oh queridos amigos brasileños, si su gran objetivo es ahorrar agua, no necesitan mear mientras se bañan, podrían aplicar la técnica francesa de orinar en el lavabo. En fin, habrá que repensar las propuestas y mejorar los hábitos. Mis sinceros parabines, por algo se empieza...

sábado, 22 de agosto de 2009

Reflexionando sobre la otredad

Vengo regresando de ver una película altamente recomendable del director alemán Tom Schreiber, quien retrata un tema que en los últimos años me ha venido apasionado: las relaciones interculturales.

La trama versa sobre el arribo de un entusiasta estudiante alemán (Mark) a Colombia para realizar prácticas profesionales de medicina. El protagonista tiene el deseo de internarse plenamente en la sociedad colombiana, pretende ser un individuo universal que pueda comprender y criticar el esquema social prevaleciente, adaptarlo a sus principios y, al mismo tiempo, intentar vivir intensamente cada momento de esta experiencia foránea atenida a cierta temporalidad.
Mark quiere vivir con vehemencia sus días en Cali. ¿Qué puede importar lo que haga en Colombia? allá nadie lo conoce. Desea vivir sin prejuicios, y en su intento por adentrarse en la vida de los otros, se deja seducir por placeres; los experimenta, los goza. Pero como es predecible, genera en su interior una carencia, un vacío. Ahí comienza su delirio, su deseo de consolidar un proyecto de vida, forjar sentimientos profundos, añoranzas por no continuar a la deriva; y claro, terminará por enamorarse de una mujer de un barrio pobre que poco a poco Mark irá idealizando. Terminará así con su libertinaje y consolidará su nuevo y flamante objetivo de arraigo que, finalmente, se transformará en el ancla que lo arrojará a la desgracia y sufrimiento.

Divagaré un poco. La vida puede pensarse como una casualidad constante, una realidad cambiante en un devenir incierto y, en ese caminar, nunca habrá de faltar el factor humano. Las otras personas determinan, en gran medida, la dirección de nuestro actuar. Personas que proyectarán un sentido a nuestra existencia.

Resulta casi impensable sesgar el anhelo de trascender en el otro, querer involucrarnos en su existencia, apropiarnos de su exclusividad. La pregunta me consterna, ¿Por qué…?

¿Por qué el ser humano trata de recubrir de misticismo la casualidad?, ¿Por qué se absolutiza “al otro” como parte fundamental de nuestras vidas?, ¿Por qué querer compartir nuestra proyección futura con alguien más?, ¿Por qué esta alienación...?

Octavio Paz plantea la problemática en estos bellos versos de su poesía “El Prisionero”:

"El hombre está habitado por silencio y vacío.
¿Cómo saciar esta hambre,
cómo acallar este silencio y poblar su vacío?
¿Cómo escapar a mi imagen?
Sólo en mi semejante me trasciendo,
Sólo su sangre da fe de otra existencia"

La otredad: ese es el tema, el gran misterio. Nos sabemos individuos únicos, conocedores de nuestra potencial explosión ante el mundo. Sabemos nuestros propios gustos, elucubramos reflexiones que no compartimos, de esas que se callan y la memoria almacena para mantenernos felices o tristes sin que “el otro” comprenda la razón. Todo eso que pasa por nuestra mente se vuelve un misterio al inferir que también ocurre “en el otro”, quien al igual que nosotros navega en un eterno vaivén sentimental, donde las emociones pasan y se diluyen, donde el discurso aflora mientras la conciencia enmudece.

Surge así el interminable e irrealizable empeño de querer conocer al otro en plenitud, de desear armonizar y consolidar la certeza de sus avatares. Sabemos que es imposible, que todo es cambiante; no obstante, entre más misterio existe en el otro, más nos esforzamos por interpretarlo. Y en ese esfuerzo fútil puedo encontrar la más bella y estúpida de las alienaciones: El amor.

Octavio Paz concluye en su poema:
Entre las sombras que te anegan
otro rostro amanece.
Y siento que a mi lado
No eres tú la que duerme,
Sino la niña aquella que fuiste
Y que esperaba sólo que durmieras
Para volver y conocerme.

domingo, 16 de agosto de 2009

Ni Dussel ni Lazcano, pero López Austin sí

Ha comenzado mi noveno y penúltimo semestre en la UNAM, específicamente, en mi Facultad de Derecho. Poco a poco comienza a forjarse la sutil y bella rutina de asistir cinco días a la semana al extenso campus universitario para escuchar las clases, leer en sus bibliotecas o espacios abiertos, departir con lo compañeros y aprovechar al máximo el poco tiempo que me resta como estudiante de licenciatura. Sí, el brevísimo tiempo que rápidamente se diluye. Me he vuelto maniático en la UNAM, un estudiante empedernido que quiere conocer a la pléyade de maestros extraordinarios que ahí imparten; sin embargo, me corroe una ligera frustración, pocos de ellos están en la facultad de Derecho, ya que, los juristas, o al menos la mayoría de los profesores de mi insigne facultad, no tienen un criterio holístico o multidisciplinario sino que se limitan esencialmente a un programa árido que incluye leyes, procedimientos administrativos y esos típicos trucos que aprovechan los vericuetos de la legislación para promover fechorías. Debo de reconocer que hay excepciones, por ejemplo, el maestro Alfonso Estuardo Ochoa, quien porta solitario la bandera anti-Derecho sin miramientos y con impresionante locuacidad.

El escenario no sería nada lisonjero si tan sólo al Derecho me dedicara, por ello desde varios semestres atrás he intentado complementar mi desarrollo estudiantil con variadas actividades que han hecho de mi estancia en la Universidad una serie de años de gratísimo reconforto y aprendizaje; no obstante este año mis planes originarios se han visto parcialmente frustrados.

Acomodé mi horario en función de poder asistir a las aulas de dos ilustres profesores: el filósofo Enrique Dussel y el biólogo Antonio Lazcano, ambos emblemáticos y mundialmente reconocidos.

Este miércoles, airoso me dirigí a la Facultad de Filosofía y Letras en pos de mi gran maestro, con quien ya había tomado clases por tres semestres consecutivos, todas en el mismo salón y con el mismo horario. Al asomarme por la ventanilla del 008 vi a otro profesor desconocido con un auditorio semivacío y bostezando, - ¡Chin!, seguramente Dussel se habría mudado de sitio-, pensé. Fui a la lista de profesores y no encontré su nombre ni su asignatura; pero no desistí, llegué a la coordinación de Filosofía y pregunté por el renombrado filósofo; fueron dos respuestas al unísono las dadas por las secretarias regordetas: este sería su semestre sabático ¡No!

Quizá no esté tan mal después de todo, en este momento estoy viendo aqui en mi frente su último y más extenso libro que no he terminado de leer :“Política de la Liberación.” Será este año un buen tiempo para repensar muchos conceptos innovadores que cobraron sentido en mi vida después de escuchar sus cátedras. Serán difíciles de olvidar las temáticas que hacían énfasis en una reestructuración política, el poder obedencial, el tiempo mesiánico, la heroicidad, la analéctica, el punto cero, la fetichización del poder, la gratuidad, etc. Gracias Enrique Dussel, por haber dado destellos de luz a una mente inquieta e incierta, por ensanchar mi criterio, y sobretodo, por tu exhortación constante en favor de la originalidad y practicidad que debe aterrizar el filósofo comprometido con la Historia. ¡Disfruta tu año sabático!

Ese mismo día -miércoles- corroboré en la lista de profesores de Biología la presencia del Doc. Antonio Lazcano con la asignatura denominada “Origen de la vida”, al parecer no había ninguna falla correría con suerte. Al siguiente día fui directamente a la Facultad de Ciencias, encontré su enorme salón, tome asiento e impaciente esperé el arribo del célebre científico; no obstante pasaron muchos minutos sin su presencia hasta que, de manera natural la suspicacia surgió y pregunté a otro alumno por el maestro Lazcano, la respuesta fue desilusionante, también el prestigiado biólogo había tomado su semestre sabático. ¡No!, por segunda ocasión.

Pero como gratificante consuelo, de manera fortuita, por recomendación de una amiga de mi hermano, cursaré una interesantísima clase como oyente con el renombrado historiador Alfredo López Austin, quien imparte la sobresaturada asignatura de "Mesoamérica". Su primera clase -viernes- fue una excelente combinación de claridad didáctica y erudición. Ya habrá mucho que escribir sobre López Austin en los próximos meses.

Les enfoirés

Esto no tiene nada que ver con la UNAM ni con el título de la entrada, pero tengo esta música en la cabeza y quiero dejar testimonio de ella en este blog.

Ellos son les enfoirés (los infalibles), un grupo de diversos artistas y compositores franceses unidos en una misma causa: la lucha contra la exclusión social.

Les efoirés han creado una asociación de asistencia pública para los desposeídos franceses (que ahora se encuentra en plena internacionalización), al promover varios servicios básicos, entre los que destaca la conformación de cientos de restaurantes de comida gartuita conocidos como restos du coeur.

Los dejo con esta bella canción dirigida a todos aquellos que se sienten solos e incomprendidos ante el criterio devorador y egoísta que predomina en nuestros tiempos. Cantemos con estrépito aunque las lágrimas broten y se manifiesten, no guardemos el ímpetu interno y acallemos los justos reclamos, no nos dejemos derrotar, ¡seamos infalibles!

http://www.youtube.com/watch?v=E65xj_arQ3Q

sábado, 8 de agosto de 2009

Portugal

Portugal, maravillosa tierra marinera, al ver estos videos sinto saudade por tus fados, tus petiscos, tu gente buena. ¡Oh, bella nación lusa!, ¡Que viva Luiz de Camoes!, ¡Que viva Fernando Pessoa!, ¡Que viva Amalia Rodrigues!.

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Portugal nos brindó bellísimas experiencias, de las cuales queda en el fondo del corazón el recuerdo nostálgico de aquella gente lusa que nos enseñó a profundidad la vida tradicional de esta nación europea.

Agradezco muito a las amistades genuinas que surgieron al cruzar de norte a sur sus diversos paisajes. Difícil será olvidar Porto y la gentileza de Rita, Maria, Diogo y Denisse, quienes hicieron de mi cumpleaños una celebración íntima, casi familiar. También surgen los recuerdos de los bares estudiantiles de Coimbra en compañía de Carlos. ¿Qué decir de la amabilidad de Sandra en su bella casa de Leiria?. Y claro, ¿cómo olvidar Alfama y sus fados?; fue tal mi gusto por la música portuguesa que incluso ya he hecho una entrada acerca de sus tristes y alucinantes cantos hondos.

Portugueses a sabed: Pronto, pero quizá más pronto de lo que ustedes creen, estaré muy cerca de su nación, un poquito al norte, pero lo suficientemente cerca para visitarles nuevamente.

Cantando "Cielo Rojo" con la niña

Sin mucho decir, los dejo con esta bella canción de Juan Zaizar interpretada desde el corazón de la Delegación Benito Juárez: El parque de los venados.
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viernes, 7 de agosto de 2009

Catemaco, la charlatanería hecha turismo

En el sur de Veracruz, lugar de abundante agua y espesa selva; existe un lugar misterioso, para muchos mágico, místico, esotérico. Me refiero a Catemaco, sitio enclavado en la región de los Tuxtlas, la jungla más alejada del ecuador.

Este lugar inconexo por muchos años a cualquier vía de comunicación, tuvo que rascarse con sus propias uñas desde su fundación, y fue así que, ante la falta de profesionales científicos de la salud, se expandió de forma inusual, como uso y costumbre acudir con "el curandero" para solucionar molestias de cualquier tipo. ¡Ojo!, no pienso demeritar en este escrito los avances en herbolaria que poseen los pueblos mexicanos; sin embargo, tampoco sería lo suficientemente ingenuo para seguir fervientemente los rituales que involucran al espíritu humano con los astros, la naturaleza, las malas y las buenas vibras, la lectura del futuro y demás actividades "fuera de lo normal" que son ejecutadas por los chamanes, dejemoslo así, soy muy escéptico, me gusta creer que creo, pero en el fondo, siempre existe esa voz interna que me dice -, son sólo patrañas.-

Es asombroso como el misticisimo se ha vuelto una nítida actividad turística, ya que, evidentemente cuando hay dinero fácil, más que rápido se satura la competencia. Desde que llegamos a Catemaco no faltaron los "cazadores de turistas" que se acercaban mañosamente para ver qué se nos ofrecía, cada uno de ellos, de una manera sutil intentaba vender su "paquete de brujería" y presumía su proximidad y confianza con el más famoso y respetado brujo de Catemaco. Yo, pensando en la obviedad de que estos "señores generosos y sinceros" sólo buscan una rebanadita del pastel, preferí preguntarle directamente a los lugareños sobre el brujo más renombrado, casi todos coincidieron, se trata de Tito Gueixpal.

Llegamos al corazón del pueblito, ya sabrán queridos lectores, siempre con su kiosquito, su iglesita y sus puestitos de garnachas; y desde ese lugar nuevamente nos abordaron los "cazadores de turistas" con mayor tenacidad, nos hablaron maravillas sobre los rituales de brujería, exageraban al decir que los místicos del esoterísmo en ocasiones desfallecían al sustraer la energía negativa de sus clientes, que los huevos de gallina negra eran básicos para el ritual, que los ramajes limpiaban el alma, y bueno, otros tantos choros mareadores sobre la mágica que sólo en Catemaco era posible encontrar. Nosotros teníamos poco tiempo, entonces accedimos a tomar una lanchita para recorrer el lago. El tour por el lago, fue, sinceramente, una vil cochinada, no lo digo por el lago que es bello per se, sino por el paseo pinchurriento que no dejaba apreciar el paisaje de una manera apacible, y lo peor, ni siquiera se nos permitía ducharnos a medio lago. Pero eso sí, "el guía" nos iba diciendo cada babosada insulsa acerca de las casitas que estaban invadiendo la orilla del lago, -"Miren, esta es la casa de perenganita, y en esta otra casa grabaron la novelas de no sé qué, y este fue el primer hotelucho"-, cosas de ese tipo que a NADIE le importaba. En fin, el colmo fue que nos llevó a "una reserva ecológica", al menos eso nos daba cierta esperanza, pero para nuestro infortunio descubrimos que esa "reserva" no era más que un "spa" y, de manera adicional, tenía un costo de $50.00, y como esa era el día de la dilapidación imbécil, ni siquiera titubeamos en pagar el tostón. ¡Carajo!, ¿qué reserva ni que chingados?, entramos a un lugar totalmente turístico, nos hicieron una máscara de lodo, nos mostraron unas replicas de piezas prehispánicas e incluso osaron en querer vendernos una paletita. Y lo más patético de todo, al final nos pidieron una cuota voluntaria para "el guía", quien era un pobre pelmazo que hablaba todo de memoria y sin ningún entusiasmo. ¡Qué pena!, al menos ustedes están advertidos, si van a Catemaco no entren a Nanciyaga, porque van terminar sintiéndose como yo me sentí, sí, como un pendejo que desperdició parte del poco dinero que le quedaba.
Le pedimos al lanchero que nos dejara en un lugar propicio para acampar. Llegamos así a "la playita", sitio bello aunque un poco sucio. Estabamos practicamente solos y el sitio se veía sumamente tranquilo por lo que no existió objeción alguna para acampar. Yo entré casi inmediatamente al lago, estuve casi media hora en sus aguas verdosas hasta que salí para platicar con un matrimonio que estaban próximos a "nuestra zona". Me presenté como chihuahuense (porque ya ven que es común que a los chilangos nos odie la gente de provincia) , ellos se prentaron como "el flaco" y Maité y se ofrecieron a acompañarnos al pueblo de Catemaco por la noche y a guardar nuestras pertenencias para que nadie las robara.